domingo, 24 de febrero de 2013

Las huellas de tus dedos...


Salí del coche. Salio del coche mi cuerpo, mi mente hacia rato que se había bloqueado.
Espere tu ultima mirada y me fui. Me fui andando con una sensación extraña, un recuerdo dulce y a la vez amargo. Me fui con tu olor, con el tacto de tu piel en mis dedos, con el sabor de tu boca en la mía, con tus movimientos, con tu respiración. Es como si te sintiera aun a mi lado, como si notara tus manos por mi espalda estremeciendo mi cuerpo. Notaba como tu respiración y corazón se aceleraban.
 Y parece que sigues aquí en frente mío mirándome los labios mientras poco a poco te acercas a mí. Y te acercabas y te alejabas, esperando y provocando que te siguiera. Era como si tus besos fueran mi oxigeno. Jugamos, besamos, mordimos, tocamos, olimos, sentimos…
En mi cuerpo quedo una parte de ti, de todo lo que había tenido en mí por un momento. Pero ya te habías ido, yo seguía mi vida y tú la tuya.

Entonces, apareció la amargura. La amargura de ver que ya no estas. Que no debías estar. Que todo lo que no podía quitarme de la mente, no tenia que estar en mi mente. La realidad nos aplasto y sentirte igual que yo, me dolía aun más. Era un dolor que ahogaba, me empezaba a faltar el aire. Te notaba hundida, dolida. Nos hacíamos pequeñas por momentos. Ahora teníamos un recuerdo de un deseo doloroso. Pensando lo que había pasado, y lo que podía haber pasado…

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